Noche

Lejos del ruido cae el sol en el ocaso, y las últimas aves buscan cobijarse de la noche.Ya nada es lo que parecía.

Las formas desdibujadas de los contornos de las cosas se convierten suavemente en figuras danzantes al ritmo telúrico de los susurros que el roce de las hojas y las pezuñas arrancan al silencio.

Nada es más esquivo que la noche, y aunque la voluntad rompe los conjuros que el miedo teje, de los rincones de mi cuerpo despiertan los recuerdo dormidos que la conciencia vence. Es el momento de los sueños y de los hechizos de la luna.

De lejos, de lo profundo del paisaje oscuro o de la brillante nitidez de las estrellas, emerge una llamada: el misterio de la muerte que abre sus puertas a la mirada atrevida de los que quieren ver.

 

 

De Agustín Luceño.

CUANDO CAES CUANDO CAES

Cuando parece que la noche sin luna
no puede ser más oscura,
ni el laberinto más intrincado
o la pena más honda;
cuando las nubes han apagado las estrellas
y el silencio abismal penetra en tu interior,
¿lo recuerdas?
Entonces aún puedes oír
el murmullo tenue del bosque,
el ulular de las lechuzas
y sorprenderte la visión fugaz
del relámpago espléndido,
 asir el hilo de Ariadna,
o resucitar la esperanza perdida…

 

Agustín Luceño Mardones

Gestalt

Las personas buscan ayuda porque sufren. Vienen por sí mismas o por que las traen. Puede ser ansiedad, depresión, comportamientos anómalos… el diagnóstico importa poco. El paciente se pelea con la vida y con los demás dentro de sí. O lucha contra los demás y contra sí por no tener legitimidad para ser él mismo, por no quererse y respetarse suficientemente.

La Gestalt nos pone en la pista de cómo es que sufrimos, explica qué es lo que sucede.

Los mandatos sociales, incrustados en la conciencia en forma de “debería de…” “tendría que…” nos llevan a la autotortura y nos hacen desgraciada la vida. Y esto sucede en la medida que los mandatos sociales y las necesidades que tenemos se oponen en nuestro interior. Nos rompemos, nos disociamos, nos bloqueamos, nos inhibimos, nos anestesiamos, somos impulsivos, excesivamente agresivos cuando explotamos, descontrolados… 

Lo que nos moviliza es la necesidad. La Gestalt dice que a menudo se da una inadecuación entre nuestras necesidades organismicas y existenciales por un lado y nuestras necesidades sociales, de aceptación y pertenencia por otro, y ahí es donde surgen problemas, ahí está el asunto. Pues para tener satisfechas unas necesidades hay otras necesidades que se oponen. 
Por ejemplo, necesito expresar mi cabreo y necesito que me quieras, ¿cómo lo hacemos? 
Siendo niños me puedo enfadar con mi madre y no pasa nada. Pero la mamá se puede sentir mal y entonces me obligo a estar con ella…el niño aprende a sacrificar su autonomía emocional y ejecutiva para satisfacer la inseguridad de su madre. Esto es la manera que aprendemos de funcionar. En esa manera de cómo lo hacemos está el cómo soy yo, está la construcción del autoconcepto, tan importante para la la vida.
La Gestalt nos dice que podemos encajar nuestras necesidades opuestas de una manera saludable. Saber que tenemos necesidades y que éstas se han fracturado y luchamos y esa lucha genera sufrimiento.  
Podemos aprender a integrar esas necesidades. Ahí está el ciclo de la satisfacción de las necesidades que nos lleva desde el sentir y conocer lo que necesitamos a la acción que nos pone en contacto con lo necesitado (con satisfacción o frustración) y las interrupciones de este fluir de la conciencia y de la acción real.  La  Gestalt nos ayuda a saber qué es lo que necesitamos, sensibilizándonos, escuchándonos,  dándonos legitimidad, tomando conciencia, respetándonos, no manipulándonos, ni manipulando a los demás ni dejándonos manipular. Este es el mapa. 
Falta una cosa. Necesitamos una brújula que nos lleve desde la sensación y la emoción hasta la acción que propicie el encuentro o la separación; y ésa está aquí dentro, la brújula soy yo. Adentrarme en mi, atreverme contigo. estando en contacto significativo, ni fusionado ni desconfiado. ¿Cuando sé yo que hay contacto? Conociéndome yo. Yo sé cómo me siento contigo cuando estoy en contacto conmigo, sé cómo te sientes cuando estoy en contacto contigo porque lo siento en mí. De este contacto emerge la conciencia: 
Yo soy Yo.
Tú eres Tú.
Yo no estoy en este mundo para cumplir tus expectativas.
Tú no estás en este mundo para cumplir las mías.
Tú eres Tú.
Yo soy Yo.
Si en algún momento o en algún punto nos encontramos,
será maravilloso.
Si no, no puede remediarse.
Falto de amor a mí mismo,
cuando en el intento de complacerte me traiciono.
Falto de amor a ti,
cuando intento que seas como yo quiero,
en vez de aceptarte como realmente eres.
Tú eres Tú y Yo soy Yo.

Meditación

De estar sentado emerge todo como una fuente de existencias:

Como una montaña, como una pagoda milenaria, como un árbol, como este cuerpo que respiro, como una brizna de hierba, o como un simple soplo de aire.

Calma, quietud, silencio.

He olvidado mi nombre y el de todo cuanto existe: el infinito aquí y ahora.

 

Es tremendo el sufrimiento ante cualquier circunstancio o situación cuando no se pueden contemplar alternativas.

Es tremendo el dolor cuando uno está anclado en la visión de la pérdida, del miedo, de la impotencia o la prepotencia.

Es tremendo el desgarro cuando no hay más posibilidades que la lucha frente al agravio, el desprecio o el olvido, sobre todo de los que amamos.

Es tremenda la desdicha cuando no hay más posibilidades que la verdad única de la mente oscurecida por el daño recibido.

Es tremendo el sinsentido cuando uno está limitado por un visión cerrada condicionada por la rabia, el resentimiento o el odio.

Es tremenda la destrucción provocada por la violencia que acaba con la vida sin más perspectiva que la venganza.

Es tremenda la soledad tras el acto violento que destruye, tanto, que a veces acaba con la propia vida.

Es tremenda la desolación de la mirada depresiva que no admite más opciones que la nada estéril de un corazón cegado por la rabia y por la culpa de una exigencia radical e ineludible.

Es tremendo. Es tremendo

¿No hay alternativas?

¿Quién es el enemigo? ¿El enemigo es el otro?

¿No es posible, acaso, la mirada desde los ojos ajenos? ¿No somos acaso ajenos nosotros a la mirada que nos daña y nos ignora? Extraño contra extraño, ajeno contra ajeno. ¿Quién empezó esta lucha fratricida? ¿Quién es el enemigo? A veces, casi siempre, el enemigo está dentro: el resentimiento, la culpa, el miedo, el orgullo, el odio.

Pero… ¿y si te atrevieras a ser el otro? ¿Y si el otro quisiera ser tú?

Descubrirías que el corazón herido busca consuelo, que heridos estamos todos, que nadie tiene la culpa de este sinsentido, de una vida tan cargada de injusticias. Nadie. Ni yo, ni tú. O acaso dios, que siendo misericordioso nos expulsó del paraíso y nos enseño a usar el poder, y el poder del castigo, trasmitido de generación en generación, de padres a hijos, por los siglos de los siglos.

¿Alguien encontrará descanso en la lucha, en el desprecio?

La solución está en el otro, en el enemigo. Y en lo otro, en lo desconocido, lo temido.

Si tú no puedes ser yo, yo seré tú. Y te trataré con el mismo amor que yo necesito, con la misma indulgencia que reclamo para mis errores, con la misma responsabilidad que exijo para mí cuando el equivocado eres tú. Lloraré contigo el dolor que yo te provocado, consolaré tu ira con el perdón sincero que yo pido cuando yo soy herido por tu desidia, y restauraré el daño con la humildad que necesito.

 

 

 

Tu presencia

No estamos aquí para juzgar ni condenar a nadie, sino para frenar nuestra conciencia egoísta y crecer en altruismo, compasión y amor.

La madurez humana pasa por ampliar la dimensión de la generosidad. Desde el egoísmo, el interés centrado exclusivamente en mí mismo, abrir la conciencia del cuidado, la posesión, el sentido de “lo mío” a “los míos”; a la familia primero, a los amigos, al trabajo, a los de la misma comunidad o grupo, a los de las mismas creencias, a los de la misma especie, a los seres de la tierra, al universo entero.

Hasta saber, sentir, que cuidarte a ti es amarme yo, que el propio respeto es aceptación del otro, que contigo yo soy más, que juntos somos más, que tú eres parte de mí y yo una parte tuya, y todos un solo ser, y con el planeta, y con el universo.

Un solo sujeto. Diferentes miradas.

En la noche se recrean los fantasmas.

En la noche  se recrean los fantasmas.

Tras los albores de  cualquier mañana se abren las horas y se dibujan los caminos, y al llegar el día una bruma de tristeza, soledad, olvido y esperanza anidan suavemente en mi pecho, mis manos y mi cerebro.

Luego los hechos ganan la partida, y el día es una sucesión de actos y trabajos, tareas y decisiones, idas, venidas y palabras. ¿Dónde queda la consciencia, dónde está el atisbo mudo de la mirada de dios, dónde la humanidad de mi cuerpo?

Pensamientos sombríos y una vana confianza. El miedo, como la vida, se nutre de la incertidumbre, y más allá de toda intención las plegarias llenan, o lo intentan, el vacío que la voluntad no puede.

Hasta que el sueño cubre de nuevo casi todos los intersticios, y solo queda abierta la tenue presencia de las sombras.

Todo está previsto de antemano…

Todo está previsto de antemano en mi día.

Puedo decir cómo será, lo que haré, a dónde iré, a quién veré… de aquí a mucho tiempo.

La libertad, la espontaneidad, la creatividad quedan reducidas al espacio blanco de mi agenda, momento a momento, entre ese discurrir programado y cierto.

No están escritos, sin embargo, los detalles, ni las experiencias concretas, ni tampoco los imprevistos y contratiempos, esos agujeros por los que se escapa la comodidad de la rutina y se abre paso el destino sin pedir conformidad al alfarero.

Y hay otra manera de escapar de la tiranía impuesta por los compromisos del cuaderno: hacer de mí el imprevisto, guardarme en un bolsillo del tiempo la libertad, la espontaneidad, la creatividad… y decidir que también yo me escapo por los intersticios huecos que se abren en el condicionamiento, entre la costubre y el miedo.

Y decidir descarrilar, o estarme quieto, gozando de este instante, tan fugaz como eterno.