De Agustín Luceño.

CUANDO CAES CUANDO CAES

Cuando parece que la noche sin luna
no puede ser más oscura,
ni el laberinto más intrincado
o la pena más honda;
cuando las nubes han apagado las estrellas
y el silencio abismal penetra en tu interior,
¿lo recuerdas?
Entonces aún puedes oír
el murmullo tenue del bosque,
el ulular de las lechuzas
y sorprenderte la visión fugaz
del relámpago espléndido,
 asir el hilo de Ariadna,
o resucitar la esperanza perdida…

 

Agustín Luceño Mardones

Gestalt

Las personas buscan ayuda porque sufren. Vienen por sí mismas o por que las traen. Puede ser ansiedad, depresión, comportamientos anómalos… el diagnóstico importa poco. El paciente se pelea con la vida y con los demás dentro de sí. O lucha contra los demás y contra sí por no tener legitimidad para ser él mismo, por no quererse y respetarse suficientemente.

La Gestalt nos pone en la pista de cómo es que sufrimos, explica qué es lo que sucede.

Los mandatos sociales, incrustados en la conciencia en forma de “debería de…” “tendría que…” nos llevan a la autotortura y nos hacen desgraciada la vida. Y esto sucede en la medida que los mandatos sociales y las necesidades que tenemos se oponen en nuestro interior. Nos rompemos, nos disociamos, nos bloqueamos, nos inhibimos, nos anestesiamos, somos impulsivos, excesivamente agresivos cuando explotamos, descontrolados… 

Lo que nos moviliza es la necesidad. La Gestalt dice que a menudo se da una inadecuación entre nuestras necesidades organismicas y existenciales por un lado y nuestras necesidades sociales, de aceptación y pertenencia por otro, y ahí es donde surgen problemas, ahí está el asunto. Pues para tener satisfechas unas necesidades hay otras necesidades que se oponen. 
Por ejemplo, necesito expresar mi cabreo y necesito que me quieras, ¿cómo lo hacemos? 
Siendo niños me puedo enfadar con mi madre y no pasa nada. Pero la mamá se puede sentir mal y entonces me obligo a estar con ella…el niño aprende a sacrificar su autonomía emocional y ejecutiva para satisfacer la inseguridad de su madre. Esto es la manera que aprendemos de funcionar. En esa manera de cómo lo hacemos está el cómo soy yo, está la construcción del autoconcepto, tan importante para la la vida.
La Gestalt nos dice que podemos encajar nuestras necesidades opuestas de una manera saludable. Saber que tenemos necesidades y que éstas se han fracturado y luchamos y esa lucha genera sufrimiento.  
Podemos aprender a integrar esas necesidades. Ahí está el ciclo de la satisfacción de las necesidades que nos lleva desde el sentir y conocer lo que necesitamos a la acción que nos pone en contacto con lo necesitado (con satisfacción o frustración) y las interrupciones de este fluir de la conciencia y de la acción real.  La  Gestalt nos ayuda a saber qué es lo que necesitamos, sensibilizándonos, escuchándonos,  dándonos legitimidad, tomando conciencia, respetándonos, no manipulándonos, ni manipulando a los demás ni dejándonos manipular. Este es el mapa. 
Falta una cosa. Necesitamos una brújula que nos lleve desde la sensación y la emoción hasta la acción que propicie el encuentro o la separación; y ésa está aquí dentro, la brújula soy yo. Adentrarme en mi, atreverme contigo. estando en contacto significativo, ni fusionado ni desconfiado. ¿Cuando sé yo que hay contacto? Conociéndome yo. Yo sé cómo me siento contigo cuando estoy en contacto conmigo, sé cómo te sientes cuando estoy en contacto contigo porque lo siento en mí. De este contacto emerge la conciencia: 
Yo soy Yo.
Tú eres Tú.
Yo no estoy en este mundo para cumplir tus expectativas.
Tú no estás en este mundo para cumplir las mías.
Tú eres Tú.
Yo soy Yo.
Si en algún momento o en algún punto nos encontramos,
será maravilloso.
Si no, no puede remediarse.
Falto de amor a mí mismo,
cuando en el intento de complacerte me traiciono.
Falto de amor a ti,
cuando intento que seas como yo quiero,
en vez de aceptarte como realmente eres.
Tú eres Tú y Yo soy Yo.

Meditación

De estar sentado emerge todo como una fuente de existencias:

Como una montaña, como una pagoda milenaria, como un árbol, como este cuerpo que respiro, como una brizna de hierba, o como un simple soplo de aire.

Calma, quietud, silencio.

He olvidado mi nombre y el de todo cuanto existe: el infinito aquí y ahora.