Vislumbre

Voluntad e intención como motores del desarrollo “espiritual” son la causa de sufrimiento más importante y sutil del ser humano, en tanto se apega al resultado-experiencia con aceptación o con rechazo.

El ser individual que se adentra en el  camino espiritual ha de comprender, no como una acción que realiza o pretende realizar, sino como un hecho que sucede, que su propia existencia es un mero hecho que sucede y por tanto carece de toda intención intrínseca..

El resultado de esto es conocido: sin un “alguien” que empuje o retenga la búsqueda o el encuentro, LA VIDA FLUYE EN UN GOZOSO INSTANTE ENTERNO.

¿De dónde nace el sufrimiento?

¿De dónde nace el sufrimiento?

De entre tú y yo, de ese espacio tan lleno de intenciones y malos entendidos.

De los juegos perpetuos de poder y de deseo.

De las expectativas cruzadas y deudas heredadas.

De la culpa proyectada en ira insatisfecha y de la agresión recibida tornada en remordimiento.

Del amor silenciado que anhela ser correspondido.

Del esfuerzo no recompensado, de la frustración acallada por el miedo, el orgullo o la vergüenza.

 De la exigencia feroz nacida de las propias carencias.

De la lucha contra el grito, de contener las lágrimas, de disimular el vacío en actividad deliberada dirigida a satisfacer falsos apetitos.

De los sueños mutuamente engrandecidos que se convierten en horribles pesadillas.

¿De dónde nace el sufrimiento? De no poder vivir lo que sucede y querer una vida inexistente, de la lucha contra lo obvio, de las fantasías catastróficas, de la impotencia de no poder con lo que no me corresponde…

El sufrimiento nace de tu existencia, tan próxima como lejana. Tan deseada. Tan inasible. De ti, de entre nosotros, que queriendo amarnos nos hundimos en el misterio del desencuentro.

Y no obstante, puedo mirarte y comprenderte en el silencio de tu presencia, pues aunque distantes en pensamientos y deseos, nos reconocemos como humanos.

 

Sobre el vínculo y el apego.

He aquí unas reflexiones sobre el vínvulo y el apego, realizadas a vuelapluma en conversaciones sobre el tema llevadas a cabo en “Enearán”con motivo de la presentación de una ponencia en las Jornada de la AETG.

Vinculo de apego:

Actitudes y comportamientos innatos con el objetivo de mantener y asegurar el cuidado, tanto físico como emocional, así como la aparición de afectos que “tiñen” la relación, tales como el amor, la ternura, la rabia y la protesta… que condicionan una sensación placentera, confortable, satisfactoria (o insegura, inestable, contradictoria…) y continuada en la relación con otra persona que tiende a satisfacer las necesidades del momento. Cuando la persona cuidadora es la misma mantenida en el tiempo se establecen lazos afectivos de largo alcance que llamamos apego. Estos afectos, en función de la satisfacción o frustración, de los premios o castigos, de lo seguro, inestable o ambiguo de los comportamientos adultos y de la sensibilidad y reacciones temperamentales del niño, serán los que marquen el estilo de relación de la persona en los demás estadios de la vida (adolescencia, juventud, adulto, madurez…)

El vinculo, pues, está hecho de necesidades y afectos: amor, agresión, frustración, dolor, miedo, rabia… De la integración de los diferentes afectos y las conductas a las que dan lugar tendremos los diferentes estilos de apego descritos por autores como Bolwy o Ainswohrt, y su complementariedad entre las actitudes parentales y las reacciones filiales.También está en juego el aprendizaje de quién soy yo, quién es el mundo en el estilo de ralación establecida y del aprendizaje del modelo que me ofrecen las figuras parentales.
Esta complementariedad se extiende a lo largo de la vida del niño y de las relaciones con las personas con las que más tarde va a establecer vínculaciones, fundamentalmente de pareja y con los hijos propios

Sin entrar a valorar concretamente la importancia de cada uno de los cuidadores a los que está expuesto el niño, hoy se acepta abiertamente la idea de que el entorno familiar es el proveedor de experiencias que irán definiendo el patrón de apego. En toda la literatura existente suelen destacarse los siguientes como factores importantes en la determinación del vínculo seguro, o no:
-Actitud positiva hacia el niño: sin referirse a acciones concretas, los padres manifiestan emociones positivas al hablar o pensar en el niño.

-Sensibilidad a sus necesidades: en un principio se trata de sus necesidades más fisiológicas, aunque luego irán incorporando la atención a las psicológicas.

-Interacción sincronizada con él: principalmente el juego. Participar en sus actividades e involucrarse con sus intereses.

- Apoyo emocional. Validar las experiencias emocionales como expresión de sus necesidades, ayudándole a canalizarlas de una manera correcta y respetuosa para sí mismo y con los demás.

Desde la Gestalt miraríamos el trabajo terapeútico desde el vinculo como:

- la capacidad de conocer las necesidades y deseos actuales y expresarlas en la relación.

- la capacidad de experimentar la satisfacción – frustración de las necesidades y deseos, y las respuestas tanto personales como interpersonales a esas experiencias: rabia, amor, dolor, alegría, vacío..

- la capacidad de vivenciar las experiencias presentes e integrarlas en sí mismo, yendo más allá de las culpas y quejas.

- la capacidad de integración de los diferentes ejes de polaridad: afectivos, cognitivos, motivacionales, de comportamiento… en una respuesta adecuada que permita tanto el contacto como la retirada respetando los limites de la relación y los propios.